Del domingo al lunes

Los domingos por la tarde siempre vienen cargados de un exceso de realidad. La vuelta al lunes es cuesta arriba de manera proporcional a lo intenso que ha sido el fin de semana. Por eso, quizá, la rutina ahoga nuestras ganas de soñar. Y el viernes, desbordadas, afloran de tal manera que se convierten en una corriente incontrolable.

Los humanos somos seres grandes. No por lo que hacemos, sino por lo que llevamos dentro. Ese deseo innato de algo más. Nadie puede negarlo. Y así, poco a poco, construimos nuestra propia filosofía de vida. Sin embargo, la grandeza nunca se ha podido comprimir en un cuerpo tan chico. Es inútil pretenderlo. Así que cogemos aviones, escuchamos canciones, salimos de fiesta y buscamos enamorarnos de alguien o algo que pueda compartir esta grandeza. Nosotros solos, no podemos.

 

No importa si es un lugar, una fotografía, la sensación de la cerveza fría al roce con los labios o un beso apasionado. Todo responde a lo mismo. Esa búsqueda incansable de algo más. Inconformistas por naturaleza. Soñadores de realidad. Con un pie en la tierra y otro en el cielo. Una parte animal y otra celestial. Solo que… no son partes; al fin y al cabo, no dejamos de ser una única persona. Las escisiones no existen, solo un intento más o menos logrado por discernir por qué hago las cosas, qué me impulsa ¿deseo de venganza? ¿vanidad? ¿huir de un fantasma? ¿amor? ¿desesperación? ¿o un intento de imitar a los demás?

 

Porque el miedo es real. El miedo a perderlo todo. ¿todo? El miedo a perderse a uno mismo. A dejar de ser aquel que uno creía. Porque si uno no es quien siempre ha creído, entonces… ¿quién es? Puede resultar aterrador. ¿Con quién se encontrará esa persona cuando se quede a solas con su ser? ¿a quién escuchará en lo más profundo de sus entrañas?

Y ese miedo que todos tenemos a no escuchar nada. Quizá esa sea la otra razón por la que nos afanemos en construir castillos de arena sobre borracheras y días de fiesta insostenibles a lo largo de la vida. Relaciones no comprometidas que sean para aquí y ahora. De las que uno se pueda desentender llegado el lunes. Y vuelta a la rutina. Sosa, segura; totalmente insípida.

 

Y, sin embargo, ¿nada? No… El silencio siempre ha sido mucho más revelador que las palabras. Solo que quizá no estemos preparados para entenderlo. Se escucha lo que verdaderamente somos y lo único por lo que merece la pena gastar la vida. Se escucha… el Amor.

 

2 comentarios en “Del domingo al lunes

  1. ¡Qué preciosidad de post! La verdad es que tenía muchas ganas de regresar, de dejarme caer por este rinconcito. Tenía muchas expectativas y no me has decepcionado en absoluto. Coincido totalmente con lo que escribe, yo también creo que lo único por lo que merece la pena gastar la vida es el amor.

    Enhorabuena, de verdad, ha sido un placer leerte.

    ¡Un abrazo! <3

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