Diario de un UNAVER. Capítulo II: una promesa es una promesa

 

Lunes 20 de feb.

Una promesa es una promesa. Y, aunque hayas pasado de la primera a la última fila, tenías que volverme a sorprender. Antes de tiempo, esta vez. Te busqué por los pasillos y, sinceramente, pensé que serías otra de mis alucinaciones. No sé por qué, últimamente me dejo llevar por lo que siempre rechacé.

Nunca he creído en el amor a primera vista, propio de las revistas. Ese amor rápido y fugaz en el que uno se enamora de una vez. En el que los besos pierden su razón de ser. Y ni la paciencia ni el tiempo dejan margen a los detalles, al sorprender. A las historias que más tarde serán contadas porque la confianza no se gana en una única batalla.

Ese camino lento de aprendizaje que todo amor ha de recorrer. En el que la desnudez comienza poco a poco en las palabras y no al revés. En el que se tiene miedo tanto a ganar como a perder. Porque ambos implican un cambio del que ya no se podrá volver.

Esas miradas perdidas, esquivas, que se buscan y se rechazan sin saber muy bien qué hacer. Sonrisas disimuladas al volver la cara. Latidos desacompasados al pasar a su lado. Miedo, intriga, decepción, alegría, sentimiento, imaginación, revuelo, duda, incomprensión. Eso revoltijo inmenso de sentimientos que no se abarcan en un solo pensamiento y que se turnan para recorrer sin regla ni estrategia cada parte de tu cuerpo. Esa lucha del corazón ansioso contra la mente templada que encuentra paz en la calma.

Sé que ahora vivo de la misma ilusión. A caballo entre la realidad y la imaginación. Que no es posible estar enamorado de quien no conoces. O, al menos, eso me susurra mi cerebro. Pero, ¿qué ha sido del corazón? Quizá me llamara la atención tu cara y tu figura graciosa y delicada; pero, aquí hay más, hay inspiración.

Sé que suena a locura. Ni yo mismo lo entiendo. Ni lo quiero entender. Estaba por borrar lo escrito. Releyéndolo me suena a estupidez. Dejé de creer en el amor, pero suena tan bonito poder volver a creer. Temo que me juzgues. Que yo mismo me apunte con la espada contra la pared. Sería fácil olvidarte, pero ¿renunciar a lo que pudo ser?

Algo en ti me dice que lo intente. Aunque sea por última vez. Y, aunque son ya varias las veces que mi cabeza me dice: ¡Quieto, esto es una estupidez! Una promesa es una promesa. Y, si te soy sincero, quiero volverte a ver.
PD: Hagamos un pacto. Hablemos si te vuelvo a ver.

 

Un chico de la universidad

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