Diario de un UNAVER

Febrero, miércoles 15 de 2017

 

Reconozco que no me lo esperaba. Estas cosas no me suelen pasar, aunque recientemente las busque con una mayor intensidad y me auto engañe con el fin de pensar que soy como los demás.

 

No te imaginas la de tiempo que llevo buscándote. En los bares, las discotecas, por las aulas y pasillos de la universidad, por la calle, en las amigas de mis amigas, a veces, hasta en mis contactos de WhatsApp.

 

Sin embargo, no estabas en ninguno de esos sitios. No, has llegado tarde, como siempre. O quizá no, quizá sólo sea lo que piense, y entraste en el momento preciso, para que yo levantara la cabeza y te viera pasar. Para que una vez dentro, yo, de forma inevitable, tuviera que girar el cuello o, al menos mi mirada –para que no fuera demasiado descarado– y no pudiera dejarte de observar.

 

 

Ibas con tu amiga, morena y algo más alta que tú. Pero tranquila, aunque ella no es fea, yo sólo tenía ojos para ti. Así que, si estuve distraído, que sepas, que tienes toda la culpa.

 

Si te soy sincero, estoy bastante seguro de que no fui al único al que distrajiste con tu presencia. Me da pena que no hayamos podido hablar. Lo deseaba con todo el corazón. Pero por más que quisiera no podía moverme de mi sitio. Y aunque hubiese podido, ¿qué podría haberte dicho?

 

Me has recordado cuando escribía a la chica de la biblioteca, sólo que esta vez ha sido real. Tan real que aún tengo grabadas tus mejillas en mi mente. Tus mejillas, tu pelo, tus ojos y tu forma de moverte.

 

 

Te haré una concesión que no suelo hacer: me gustaría volverte a ver. Quizá por eso te escriba. Quizá lo leas. Quizá algún día. Quizá me digas tu nombre y yo te invite a tomar algo. A ti. A la chica de la primera fila.

 

PD: Hagamos un pacto. Volveré a escribirte si vuelvo a ver.

 

 

Un chico de la universidad.

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