Sin palabras

El otro día, por ejemplo, la iba mirando sentada en el otro lado del coche y no podía evitar pensar:

¿Cómo he podido tener tanta suerte? ¿Qué he hecho yo para merecer el privilegio de pasar mi vida a su lado? De verla crecer, llorar, reír, avanzar, aprender, en definitiva, convertirse en la persona que está llamada a ser.

 

 

Recuerdo como de niño siempre que había algún espectáculo –ya fuese un concierto, un partido, una obra de teatro, etc.– siempre me resultaba atrayente la primera fila. Ahí era donde se sentaban los afortunados. Yo siempre quería una entrada en primera fila. Así ninguna cabeza o estorbo me impediría disfrutar por completo. Podría fijarme en cada detalle, en cada movimiento –porque todos sabemos lo incómodo que es que alguien se siente delante y te tape con la cabeza medio escenario–. La pena era que la mayoría de las veces esas primeras filas ya estaban reservadas o eran, de lejos, las más caras.

Sin embargo, eso mismo es lo que me ha tocado a mí. Un asiento en la primera fila de su vida. Mejor aún. Porque normalmente las primeras filas tienen varios asientos. En mi caso, yo ocupo el único que existe. Cuanto más lo pienso, más me asombro. ¿Cómo podría expresarlo con palabras?

Por eso, cuando me preguntas qué se siente. No puedo decirlo. Es quizá ese el motivo por el que llevaba un tiempo sin escribir. Y aunque siempre he querido volver a hacerlo -y lo haré- creo que necesitaba un tiempo de asimilación. De comprender el enorme misterio que encierra el que dos vidas se hagan una.

 

Frammentarie affabulazioni : Foto

 

Siempre la busqué. Siempre la quise. Y, por lo general, siempre lo tuve bastante claro. No existe nada más importante y que haga más feliz que el amor. Vivir para el amor no tiene igual. Esa búsqueda de mi alma incansable intuía por dónde iban los tiros. Lo que debía hacer para ser feliz. Conocía el camino, los pasos a dar, donde buscar. Pero hasta que uno no lo encuentra, no llega a saber de lo que en realidad está hablando. Es como quererle explicar a alguien que se siente al ver el mar.

La eternidad se hace momentos. Porque uno comprende que allá donde vaya, ella también estará. Y las que conversaciones que tienes cada viernes seguirán siendo las mismas y, al mismo tiempo, completamente diferentes dentro de cincuenta años. Ver que el amor lejos de escurrirse entre las manos, crece cada día. Y que la tristeza cada vez es un poco menos solitaria. Que por fin te quieren por lo que eres y no por lo que haces o lo que tienes. Que no es una cuestión de ser más simpático o más atractivo. De ser el mejor de tu trabajo o de tu clase. Es una cuestión de ser tú. Único como eres.

Por hoy, no diré mucho más. Este amor, por mucho que no quiera, sigue dejándome sin palabras.

 

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Un comentario en “Sin palabras

  1. Que bello en verdad encontrar a alguien que te ame por quien tu eres, eso sí es riqueza, alguien con quien puedas decir en verdad se quien es y lo amo, la amo, y la gran confianza que eso da, la libertad….todo lo que has escrito vivenciados, sentidos!

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