Te quiero

Querida tú,

 

Soy un desastre. Llevo meses sin escribirte. Nunca pensé que yo también sería de los que caen en el no me da la vida. En el no me da tiempo. Parece mentira. Aunque creo que, en cierto modo, todos tenemos un poco de eso. No siempre elegimos las circunstancias en las que vivimos. De hecho, creo que nuestra capacidad de elección es mucho más pequeña de lo que nos imaginamos. Y cuando va todo tan rápido, es difícil pararse.

 

“Ya lo haré mañana…”

Pero, ¿y si mañana no llega nunca? Si siempre es mañana, mañana, mañana….

 

Tu jamás sabrías lo que tengo que decirte. Y eso no lo puedo permitir. No. Claro que no. Porque es tanto lo que me haces sentir. Mi anhelo por hablarte. Por estar juntos. Conocernos. Ser menos nosotros y más el otro. Y descubrir que siendo menos, somos mucho más de lo que jamás podríamos haber imaginado.

 

Es bonito pensarlo… Y mientras tú estés ahí. Esperando. Prometo no perder la esperanza. Tú tampoco lo hagas. Sé que quizá no tengo derecho a pedirte esto pero, ¿qué quieres que le haga? No lo hago sin motivos.

 

Primero, porque eres la persona más impresionante que he conocido. Con esa mirada tan profunda que observa todo cuanto le rodea. Con tus despistes, solo me enseñas que en la vida hay cosas importantes que merece la pena cuidar y otras por las que no merece la pena perder el tiempo. Que la vida está hecha de momentos, no de cosas. Y que no importa cuánto tengas si estás solo. Que quererse no es tanto recibir, sino dar. Y que cuanto más das, más recibes. Aunque esta ecuación no siempre sea tan clara en el corto plazo.

 

 

Segundo, porque cuanto más te conozco, más sé que sin ti, nada de esto tendría sentido. Que tu eres la sonrisa de mis mañanas. Mi esperanza. Mi alegría. Eres esa fuerza que va tomando forma en mi interior, aun cuando yo no lo sepa, para hacerme llegar un poco más lejos cada día. Eres tan sutil y tan suave que, aun siendo todo, eres capaz de pasar desapercibida. Gracias a ti puedo creer. Puedo saber que los finales bonitos existen. Y que, en verdad, las vistas desde arriba, son tan buenas o, incluso, mejores de lo que dicen. Por eso, no me detengo. Sigo subiendo. Para que, algún día, podamos encontrarnos los dos en la cima.

 

Tercero, porque, por fin, puedo decirte, sin miedo, que te quiero.

 

Hasta pronto,

 

Tu admirador secreto

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