A ti lo que te falta es creer un poco más en el amor

A ti lo que te falta es creer un poco más en el amor. Que lo buscas y no lo encuentras. Y sabes que lo deseas, pues ¿quién no? Ese abrazo silencioso, cariñoso, que todo lo cura, que trae de nuevo la calma, que despeja las tormentas. Esa llamada a cualquier hora intempestiva que despierta en la más profunda de tus penas, tu rincón privado de alegría.

Tú quieres que te quieran. ¿No vas a reconocérmelo? Y ahí andas. Tan dura. Tan orgullosa. Tan presumida. Haciendo que la vida te resbala mientras te afanas en añadir ladrillos a tu muralla.

Sí. Y te doy la razón. Ellos serán ingenuos, lentos, poco despiertos. Incapaces de descubrir más allá de tus enfados y lo desastre que eres algunas veces, tus intenciones más sinceras. Pero, ¿qué vas a hacer? ¿quedarte ahí parada echando la culpa a los demás de tu mala suerte?

¡Despierta! Sé feliz. Vive la vida que son dos días. Con tintos de verano o con cerveza. En la playa o en capeas. Con un libro o bajo las estrellas. Viaja. Conoce. Salta. Sí. De ese acantilado que tanto te lo piensas. Apuesta por ti. Hazlo por una vez. Y si ya lo has hecho y no salió bien, vuelve a intentarlo. Que de los fallos siempre se aprende. 

Apuesta por ti que eres bella. Llena de frescura e inteligencia. Por dentro y por fuera. Créetelo cuando te miras al espejo. Haz ese ejercicio diario. Pues hay amor en tus ojos y no quiero que se pierda.

No lo pierdas tú tampoco. Entregando tu ser a desconocidos que te muerden y van devorándote poco a poco. No atraerás así a nadie que te quiera. Pues todo auténtico amor se construye en la espera. Los corazones más apasionados, los que algún día volarán más alto, son aquellos que se atreven con la mayor apuesta. A más amor, más pasión, ¿no? Pues apuéstalo todo si lo que quieres es sentir. Sentir algún día esa mirada sobre ti. Esa voz que se ha hecho tan tuya y la escucharás aun cuando él desaparezca.

 

El summum, el éxtasis de amor está en la entrega apasionada. Que esperará lo que haga falta por encontrar aquello que desde su nacimiento lleva grabado en el alma.

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