Carta de Peter Pan

Querida tú,

 

Hace tiempo que no te escribo. Perdona. La vida. ¿Cómo decirlo? Supongo que no soy ningún Peter Pan y que por mucho que quiera, ya no puedo seguir viviendo en el país de los sueños y de nunca jamás. Me vuelto un poco agrio, tonto, estúpido, aburrido, decepcionado, ilusionado… Montaña rusa. No te veía por ninguna parte. Venías. Te ibas. Me estabas volviendo loco, la verdad. Sé que toda esta palabrería no colabora, precisamente, a que parezca más cuerdo. Pero, ¿y qué más da? Esto es entre tú y yo, ¿no? Nunca nos han importado los demás.

 

Tú y yo tenemos nuestras bromas. Nuestra particular forma de hacer las cosas. De mirarnos. De cogernos de la mano, sin cogérnosla y soñar el uno con el otro. Pensar que tú me sueñas. Soñar que yo te escribo. Levantarme a las 3 am y contarte mi vida. Volver pensando en ti. Y que así se me pase mucho más rápido el tiempo recorriendo las calles de Madrid. Verte en cada sonrisa, en cada niño, en cada familia. En todas y cada una de las terrazas de la calle. En los coches que pasan. En los parques. Verte en alguna iglesia, vestida de blanco. Tan guapa. Saber que ahí me estás esperando.

Lo siento si, a veces, se me ha olvidado. Lo siento porque son ya varias las veces que te he fallado. Y, perdona si me pongo serio, pero ya no me vale la excusa de que soy humano. Solo soy un infeliz enamorado de la idea de que, algún día, te cruces en mi camino.

 

Chócate. Dame un empujón. Bien fuerte. Que me saque de la calle. Porque si no yo no me entero de nada. Porque no capto las señales. O no sé qué hacer con ellas. Porque pienso demasiado. O nada. Y me estrello. Porque siempre me ha gustado ir sin casco. En una estúpida mezcla de rebeldía y tontería. Buscando a contracorriente la pieza perdida de mi rompecabezas.

 

Soy un ser extraño, que sigue soñando con lo mismo, después de tantos años. Y, aunque, a veces, ya no sé por qué lo hago. De una forma u otra, tú siempre te las ingenias para recordármelo. Y, aunque ya no quiera, ya no puedo negar que estoy enamorado. Y que tengo la irremediable certeza de que más vale eso, que tener todo el mundo en la palma de mi mano. Así que dame la tuya, sin prisa, cuando quieras, porque si hace falta, que sepas, que pienso tirarme toda la vida aquí esperando.

Con cariño,

 

 

J

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