Diario de un Unaver. Capítulo III

Madrugada del Lunes 6  marzo

 

Está bien. Lo reconozco. Necesitaba desquitarme un poco. Sentir que podía volver a enamorarme. Uno se cansa de buscar y buscar y no encontrar nada. Pero, aceptemos la realidad. Han pasado dos semanas y no te he vuelto a ver. Estaba inventando falsas señales. Como si al cielo le preocupara lo más mínimo que yo me enamore.

 

Disculpa mi franqueza, pero no ha sido una semana especialmente buena. Aunque no quiero centrarme en eso. No he venido aquí a quejarme. No. La realidad es que no pensaba volver a abrir este diario. Era mucho más sencillo dejara que se pudriera junto a la historia que se había inventado mi cabeza. Al fin y al cabo, quien nada espera no puede ser decepcionado por nada. Porque real o imaginaria, tú no podías ser una historia lo suficientemente buena como para que esto durara más de cuatro o cinco páginas. No. Definitivamente, no.

Entonces pensé: «¿y si no me lo inventara?». Lo obvio es pensar que la vida es demasiado aburrida como para encima escribirla. Sí, es cierto que de vez en cuando pasan cosas muy emocionantes, pero, ¡venga! Esto es un diario. Es la rutina. Tiene que ser interesante cada día. Cada semana. Cada página. Y, entonces, mientras comía en la cafetería de la facultad de Derecho, llegó hasta mis oídos la siguiente conversación:

 

– ¿Crees que no he hecho lo correcto? ¿soy una mala persona? –preguntaba ella angustiada.

 

Él se tomó su tiempo para responder.

 

– No creo que nada de lo que te diga ahora pueda hacerte sentir mejor, pero hay cosas que suceden porque tienen que suceder. Y no hay mucho que podamos hacer al respecto. Lo mejor es pasar página y ya. Pensarlo más no te va a servir de mucho. ¿Dudas de tu decisión?

 

– ¿Cómo no voy a dudar? –se exasperó– Llevábamos más de tres años juntos. No me imagino cómo van a ser las cosas ahora. Es como si se quedara un enorme vacío donde antes estaba él.

 

– Bueno es lo normal, ¿no? Lo extraño sería que pudieses hacer tu vida como si nada, pero esa no es la cuestión. No puedes estar con alguien por miedo a estar sola o por rellenar un hueco que todos tenemos. ¿Te crees que yo no me muero de ganas por encontrar a esa persona a la que dedicar mi tiempo? A veces, me paro y pienso en ella. Pero ¿qué voy a hacer? ¿Coger a la primera que aparezca y fingir que estoy enamorado? No te imaginas la de chicos y chicas que lo hacen. Y el problema no es ese. No es fingir o hacer como que no pasa nada. El problema llega cuando uno se cansa de fingir. Cuando ya no tiene tanta gracia porque la vida se vuelve aburrida. Ahora tenemos veinte años y un montón de distracciones, pero ¿y cuándo tengamos treinta o cuarenta? Más te vale estar realmente enamorada de esa persona con la que eliges compartir tu vida. Y asegúrate de que él está tan enamorado de ti como tú de él. De lo contrario, la vida se puede hacer muy larga y aburrida.

 

– ¿Y si esa persona nunca aparece? Tal y como lo dices parece sencillo, pero no es tan fácil encontrar a personas dispuestas a eso

 

– Quizá, por eso, nos toque esperar más que a los demás. Pero, ¿qué son dos, tres o siete años más comparados con el resto de toda tu vida? Personalmente, creo que merece la pena arriesgarse un poco. Además, apenas has pasado los veinte. Todavía pueden pasar muchas cosas.

 

– ¿Nunca dudas?

 

– ¿Bromeas? Claro. Claro que dudo.

 

Desafortunadamente, se acercaba la hora de clase y tuve que abandonar la mesa en la que me encontraba sentado. Me quedé con las ganas de saber de quiénes se trataban pues no me atreví a girar la cabeza para comprobarlo. Sea como sea, parece que entre estas paredes se dicen cosas interesantes. Estaré atento. Quizá no sea tan mala idea seguir escribiendo.

 

 

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