Con alguien y con nadie

Me apetece quedar con alguien. Pero, a la vez, con nadie. Quizá esté loco. No lo sé. Quiero matar este sentimiento de soledad que me abruma. Que se apodera de mí y me quita las ganas de todo. Y sé, que no hay mejor forma para olvidar los problemas, que la compañía de alguien. Pero, al mismo tiempo, siento que nadie o, más bien, casi nadie, me va a entender.

 

Sé que ellos no tienen la culpa. De hecho, debo de ser yo el raro, a juzgar por las caras que ponen cuando les hablo.  Pero, por más que lo intento, no consigo sentirme identificado.

Por eso, quiero quedar con alguien. Para hablar y olvidar lo incomprendido que me siento a veces. Para dejar que mi imaginación vuele y no se estanque en este frío mundo que te dice a la cara que nunca eres lo suficientemente grande. Me apetece ser yo mismo, sin filtros. Expresar ideas, descubrir nuevas carreteras, tender puentes y cruzarlos acompañado. Al fin y al cabo, si me siento sólo, es porque estoy cansado de tanta guerra.

 

Me apetece quedar con alguien porque me aterroriza si quiera plantear que pueda estar realmente solo. No me han enseñado a callar y esperar. A aburrirme. A combatir la soledad desde el silencio. Y quizá descubrir que no se tiene porque estar tan mal. Pero no es fácil. Y es innato a mí el buscar la aprobación de los demás. El correr a demostrar que yo también soy capaz. Porque, aunque sea mentira, al menos, acaricio el calor que se desprende de gustar. Al menos de esa forma, puedo sentirme uno más.

 

Me apetece quedar con alguien, pero alguien que no sea como los demás. Alguien que no juzgue. Alguien que sepa escuchar. Alguien a quien, de verdad, no le importe lo que piensan los demás. Alguien natural. Alguien a quien entienda solo con mirar. Alguien con quien en ninguno momento haga falta disimular. Alguien a quien puedas contarle todo sin miedo al qué dirán.

Me apetece quedar con alguien. Alguien que me haga sentir especial y rellene ese hueco cuando todos los demás se van. Alguien que, aun yéndose, no se va. Alguien que me elija no porque está solo sino porque me quiere acompañar. Alguien para quien no sea el plan B que siempre está, sino una prioridad. Alguien que me enseñe que se puede estar acompañado hasta en la soledad.

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