Tus ganas de comerte el mundo

Echo de menos nuestras conversaciones de madrugada. Esas que alimentaban mi alma con cada palabra. Esas que nos hacían volar de la rutina a islas escondidas que ni nosotros sabíamos que existían. Ese olvidar que el tiempo no se mide con las reglas que marca el mundo. Ni en horas ni en minutos. Y nunca se pierde cuando uno se lo dedica a un amigo.

 

Echo de menos romper las reglas de la productividad. Retar al sueño y a todo aquello que nos dijeron que importa. Poner todo en duda y crear nuestras propias teorías. Establecer nuevas guías que iluminen nuestros pasos en el futuro. Sacar de la incertidumbre nuestra certeza de que lo estamos haciendo bien. Y aprender a amar lo desconocido.

 

Disfrutar con el reto de comprender el por qué. Animarnos en los malos momentos. Desesperar. Romper a llorar. Y descubrir una vez más que tus brazos sujetan todo cuanto soy.

Perdonar el pasado, abrazar el presente y dejarse sorprender por lo que haya de venir. Ser imperfectos y volver a empezar. Pero nunca parar. Nunca para de crecer. Dejar volar nuestra mente. Alto. Bien alto. Y que toque el cielo. Y, una vez allí, acostar nuestros sueños en las nubes para que, arropados, nunca se rompan en nuestras decepciones.

 

Encender una estrella con cada nueva ilusión. Y mirarla cada noche para que no olvidemos que somos luz. Luz que enciende la oscuridad y descubre lo bello en lo pequeño. En una postal que atraviesa tierra y mar. En un abrazo de despedida. En una pulsera que marca la promesa que un día se hicieron dos enamorados.

 

Encontrar la felicidad en poder sentir las gotas de lluvia. Algo que siendo tan tonto puede llegar a ser tan bonito. Y también poder hacerlo con los rayos de sol. Poder cerrar los ojos y respirar. Y darnos cuenta que si podemos cerrarlos es porque también podemos abrirlos. Darnos cuenta de nuestra suerte y ser agradecidos.

Porque, al fin y al cabo, la felicidad no es una cuestión de lo que pasa fuera, sino en tu interior. En tus ganas de comerte el mundo. En tu deseo de amor.

 

Fdo. Un chico de Madrid. 

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